Sólo falta Chencho

Estamos reagrupados. O todos juntos, como quiera verse.

Y es que en fechas como ésta, con un puente que parece un acueducto y alarga los días de asueto como el chicle, Noa y Hugo, los hijos mayores del Bombónido, aterrizan en nuestra casa por mor del convenio separacional alegrándonos 'muy mucho' la existencia. Sobre todo a sus hermanas pequeñas, que, locas de contentas, se diversifican y enriquecen dejándonos a papi y mami más libres para atender todas esas faenas domésticas y extradomésticas que, de repente, se ven sensiblemente aumentadas.

Lejos de tumbarnos, estos reagrupamientos en los que pasamos de familia numerosa a Clan Cavernario de pleno derecho _con todo lo que ello conlleva_ suelen darnos vidilla y nos demuestran, con una evidencia terca y pasmosa, la inmensa capacidad de gestión, organización y trabajo que aún tenemos rozando _en mi caso_ y pasando _el Bombónido_ los cuarenta.

Lejos, como digo, de tumbarnos, el hecho de estar todos juntos nos da la mejor perspectiva de nosotros mismos y la oportunidad repetida y constante de poner a prueba nuestra capacidad _infinita_ de generosidad y entrega, de mimos, cariño y abrazos.

Los niños _cinco en nuestro caso_ nos dan más que nos quitan. Y su reclamo y necesidad inagotables se convierten en la oportunidad perfecta de atender a nuestro propio niño interior que, menos afortunado que éstos que hoy corretean pletóricos de risa por los pasillos de nuestra gran casa, carecieron del afecto a raudales que nosotros entregamos a esta desaforada, rubia y variopinta camada.

Ellos son, en su minúscula presencia, hermosos y extraordinarios. El mejor regalo de Navidad y de todas las fiestas posibles. La prueba irrefutable de que querer es poder y que, más allá del déficit energético en el que entramos el Bombónido y yo en días como éstos, no hay energía, tiempo ni dedicación mejor empleados que hacer de cada minuto de los niños un momento irrepetible.

En eso andamos, inventando desayunos, multiplicando almuerzos, sumando siestas, elevando a la enésima potencia baños, biberones y coladas, viéndolos crecer a la velocidad del rayo _cada uno en su particularísima versión_, asombrándonos con sus ocurrencias y tratando, con una fe monumental, que ellos sí sean capaces de hacer de éste un mundo mejor, más luminoso y hermanado. Un lugar de Amor entregado y verdaderamente generoso donde siempre haya una mano dispuesta a la ayuda y la caricia.

Noa, Hugo, Soraya, Iria y Antía son nuestra mejor obra. Nuestro mayor mérito. Los niños de nuestros ojos. La razón de nuestras vidas. El presente más puro. El futuro posible.

Hoy, nuestra casa, igual que nuestros corazones, late, brilla y está llena.

Sólo falta Chencho.

Category: 3 comentarios

3 comentarios:

Tío Eugenio dijo...

Un magnífico artículo niña, con tu buena prosa de siempre. Felicidades por la invasión de ultracuerpos, ya que, al fin y al cabo, los niños nos invaden y nos transforman.

Que los Reyes nos traigan a todos un abuelito como el que encarnó Pepe Isbert.

ug

Ana María dijo...

Querido Ug... Perdona que ande tan 'faltona', que ni tiempo tengo de agradecerte tu constante y siempre bienvenido paso por ésta mi (tu) casa. Gracias por tus parabienes y felicitaciones. Hoy, finalmente, hemos montado uno de los árboles más 'kitschs' e hiperpoblados de 'bolerío' y 'chinadas' varias de la historia de esta gran familia. Con la inestimable ayuda de los peques, claro está, que a estas horas ya andan con la oreja y los ojos pegados a las sábanas. Tocan, pues, mimitos y café para los mayores.
Que los Reyes Magos nos traigan (a ti incluido) un año lleno de magia, momentazos varios y mucha, muchísima risa. Que nos hace mucha falta. Hiperbesos sin precedentes desde Toletum y próspera madrugada.

pseudosocióloga dijo...

Cinco churumbeles en casa, que envidia.