Tengo estos días una pavorosa conciencia del veloz e implacable paso del tiempo. Y no lo digo por las recién aparecidas canas a las que me refería hace un par de entradas _que también_ sino porque me hallo en medio de un batiburrillo generacional que hace coincidir la inminencia de mis cuarenta primaveras con el próximo y esperadísimo nacimiento de Franceso, mi primer sobrino, el estirón postinvernal de mis hijas _cada día más grandes y despiertas_ y la presencia en casa de mis padres, que se van haciendo inevitablemente mayores pese a las inyecciones de niñez que las nietas les administran en vena cada vez que se dejan caer por Toletum.
Parece mentira cómo la vida, que a menudo nos resulta un patrimonio inextingible, va cumpliendo sus ciclos de manera puntual más allá de todos los relojes. Cómo va abriéndose camino a través del calendario dejando en la cuneta la estampa de quienes una vez fuimos para devolvernos nuevos rostros de nosotros mismos. Más gastados, más adultos, sí, pero _como es el caso_ infinitamente más sabios, comprensivos y llenos de matices.
Parece mentira cómo la vida, que a menudo nos resulta un patrimonio inextingible, va cumpliendo sus ciclos de manera puntual más allá de todos los relojes. Cómo va abriéndose camino a través del calendario dejando en la cuneta la estampa de quienes una vez fuimos para devolvernos nuevos rostros de nosotros mismos. Más gastados, más adultos, sí, pero _como es el caso_ infinitamente más sabios, comprensivos y llenos de matices.
Miro a mis hijas y me resulta extraño, demoledor, casi inconcebible, que hace cinco años no estuvieran en mi vida. O que dentro de diez, quince o veinte, cuando tengan edad suficiente para leer este post, sus abuelos, que es lo natural, puedan no estar _como hoy_ disfrutando como enanos de su frescura y desparpajo mientras esperan ansiosos el advenimiento de un nuevo nieto.
Y luego vuelvo los ojos a la estantería de las fotos y me miro, muy niña, montada en un caballo blanco el día de mi Primera Comunión. Y después miro al Bombónido, que también tiene ahí su foto de cuando aún no era el Bombónido, vestido de futbolista, rubio como un querubín y ya apuntando maneras de outsider con el ceño fruncido. Y compruebo el impresionante parecido entre padres, hijos, hermanos, nietos... y me congratulo, pese al voraz paso del tiempo, de estar viva, de haber llegado hasta aquí, de poder sentir en carne propia que la vida se renueva cada día, que nada en verdad desaparece y, sobre todo, de poder amar y ser amada incondicionalmente.
Tal como soy. Como somos.
Tal como éramos: puros, cíclicos y por siempre niños.
Y luego vuelvo los ojos a la estantería de las fotos y me miro, muy niña, montada en un caballo blanco el día de mi Primera Comunión. Y después miro al Bombónido, que también tiene ahí su foto de cuando aún no era el Bombónido, vestido de futbolista, rubio como un querubín y ya apuntando maneras de outsider con el ceño fruncido. Y compruebo el impresionante parecido entre padres, hijos, hermanos, nietos... y me congratulo, pese al voraz paso del tiempo, de estar viva, de haber llegado hasta aquí, de poder sentir en carne propia que la vida se renueva cada día, que nada en verdad desaparece y, sobre todo, de poder amar y ser amada incondicionalmente.
Tal como soy. Como somos.
Tal como éramos: puros, cíclicos y por siempre niños.







15 comentarios:
Hermoso relato con un cierto aire de bella melancolía, al igual que la canción que le acompaña.
Saludos, y un aabrazo.
Hola, Carlos. Gracias por tu sensibilidad. De todo eso que apuntas hay en este post, sí señor. Un saludo y otro abrazo para tí.
Una y otra vez el tema existencial del transcurrir inexorable del tiempo... Me ha llegado al fondo la forma y el fondo de tu reflexión. Sin embargo te diría que es mejor no adelantar acontecimientos sobre lo que presumiblemente ocurrirá de aquí a 10 ó 15 años (1) El futuro está por escribirse y hay que dejar horizontes a los sueños...
Otro saludito
(1). Las nuevas normas de ortografía dicen que la vocal o entre números ya no debe acentuarse. Lo sé, pero por ahora me la salto. Después de usarla durante tanto tiempo...
Aiiiiiis, que acabo de cumplir seis más que los que tu cumplirás, creo que hace casi treinta años que no oia esa canción.
Se dice que el tiempo es un gran maestro; lo malo es que va matando a sus discípulos.
Verdades como puños....buffff.....
Por cierto soy Perfida
Un saludo coleguita
Pensamos que el misterioso hermano tiempo suele dejarnos sin aliento, arrastrándonos sin compasión, pero él solo tiene una frase para cada uno de nosotros: está usted precisamente aquí. Y nada mejor que saberse aquí y ahora.
Me gusta cómo cuentas las cosas y lo digo después de haberme leído varios posts, así que veo que esto es norma por aquí.
un besiño
Luis Antonio:
Ya sabes aquello de que '...nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir...'. Y no voy a ser yo quien le quite razones a Manrique. No obstante, como bien dices, ¡el futuro está por escribirse' y lo único que tenemos es el AQUÍ y el AHORA. ¡Vivamos, pues!. Un abrazo.
Pseudo:
Lo bueno de ir teniendo 'una edad' es que podemos rescatar de la Jukebox la tira de canciones. Somos la memoria con patas de las nuevas generaciones ;-)))) Un beso, preciosa.
Pitt:
Bienvenido a 'Historia de A'. No mata el tiempo... Mata _o desgasta_ la propia vida. Saludos y vuelve siempre que quieras. Estás en tu casa.
Pérfida:
Bienvenida tú también a este rincón de la blogosfera. Que sepas que te leo y que tu sitio me parece macarrónico, divertido y entretenidísimo. Además de bien escrito. ¡Te sigo!.
Raindrop:
Sabio apunte. Efectivamente, está usted aquí. Y eso es lo único importante. Gracias por su visita y su comentario. ¿Besiño?... Aiiiinnnssss... Esa bella Galicia del alma mía. ¡Qué morriña!.
Un saludo.
El truco, creo yo, es mantener de cada etapa, casi de cada momento, una parte de esa persona que fuimos, lo justo para seguir adelante sin perder nuestra esencia sin quedarnos atrapados en tiempos pasados y supuestamente mejores.
Un saludo
Como tú, yo también me felicito a mi misma por seguir viva, por haber llegado hasta aquí, por tener un mochilla llena de experiencias a la espalda que a pesa a ratos pero que es liviana a otros y de construir pasito a pasito mi propia vida.
Considerando que el título de su post coincide con el de la famosa película protagonizada por Robert Redford y Barbara Streisand creo que el transcurso del tiempo donde realmente se nota es en la pérdida de ilusiones que genera.
Por eso: bienaventurados los que a pesar del transcurso de los años conservan todas sus ilusiones y anhelos como Bárbara Streisand en "Tal como éramos".
Salud y Amistad
Jlin:
como diría Ana Belén, 'al lugar donde fuiste feliz, no debieras tratar de volver'. ¿O sí?... En todo caso, qudémonos con lo mejor del pasado, lo más entrañable del presente y el más que probable extraordinario futuro. Un saludo y bienvenido.
Layna:
las mochilas, cuando pesan, casi es mejor dejarlas atrás. Sin remordimientos ni contemplaciones. Hay veces que andamos cargando incluso las que no son nuestras y eso es insoportable. Gracias, preciosa, por pasar y comentar. Vuelve cuando quieras. Feliz tarde.
Chouan:
lúcido, como siempre. La esperanza y la ilusión son frágiles como orquídeas. Cuídemoslas cuanto podamos. Las vidas suelen acabar cuando las perdemos. Salud, amistad y próspera tarde para tí también.
Great writing! I want you to follow up to this topic!?!
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Bonita canción.
Esa canción de Streisand y su película son buenisimas.
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