Marcho, que teño que marchar

No hay mejor cosa que dejar tu blog abandonado durante casi dos meses para que la vuelta al folio en blanco se asemeje a un salto al vacío de esos de ponerte el alma en un puño.

Llevo días y días acercándome y retirándome, como un caracol, de este escritorio de Blogger que tantas satisfacciones me ha dado y que, por mor de las circunstancias, anda lleno de telarañas y tan desatendido como esos viejitos que se consumen de inanición y pena en los geriátricos que denuncian a veces los medios de comunicación.

En esto, como en casi todo, la falta de práctica anquilosa el cuerpo y el espíritu, así que estas primeras líneas después de tanto tiempo sin venir por aquí me están resultando tan complejas como despejar una ecuación de tercer grado o hacer vainica doble con guantes de boxeo.

No será este, por tanto, un post apasionante; puede que ni siquiera interesante habida cuenta de la torpeza con que tecleo a estas horas de la mañana. Sí es, en cambio, un post de esos con sabor a despedida, pues con toda probabilidad será el último que escriba desde el rincón de una casa, de un barrio y de una ciudad donde a menudo me he sentido como Segismundo en la Torre y de los que, por fin, me marcho en breve rumbo a Galicia, esa tierra que amo tanto como a mí misma y en la que mi alma siempre se alza oceánica, impetuosa, libre.

Regreso, después de un cautiverio de tres años, a mis montañas, a mi mar, a la luz blanquísima y cegadora de paisajes donde habita el luscofusco, a la umbría de esas carballeiras repletas de meigallos y humedades donde el tiempo se detiene y el silencio se hace olvido. Lugares mágicos _ para mí sagrados_ en los que deseo ver crecer a mis hijas, que ya son gallegas por apellido y por nacimiento y que verán con sus propios ojos todos los faros del Finis Terrae.

Podría, en un menudeo innecesario, relatar razones miles en virtud de las cuales abandono estos lugares desde los que hoy escribo. Solo diré, en cambio, con la misma simpleza llana, incontestable y abrumadora con que hablan esas lugareñas gallegas que tanto me conmueven...

Marcho, que teño que marchar.

9 comentarios:

Luis Antonio dijo...

Bienvenida y feliz retorno a los orígenes. Que se cumplan todas tus expectativas. Te deseo.

Un abrazo y hasta cuándo quieras, pero nunca dudes de lo gratificante que resutan tus huellas por estos espacios. Y eso que yo te conozco desde hace muy poco...

marieta dijo...

Mágica tierra, sin duda, a la que regresas. Es bueno levar anclas a veces para recordar o volver al puerto de donde quizá no debiste salir o del que te despediste con un hasta luego. Y Galicia la pintan de verde, como la esperanza!!!

raindrop dijo...

Esta terriña te está esperando con los brazos abiertos, para que sigas escribiendo nuevos capítulos de tu vida y (si se da el caso) puedas seguir plasmándolos para deleite de tus amigos.
;D

besos

kira permanyer dijo...

Ana, me conmueve tu relato, como casi siempre. Volver a tu tierra de origen debe ser un mamar de nuevo pero con plena consciencia, que es creo aún más lindo... Bona tornada, como decimos por aqui, pero vuelve a este espacio que no conoce fronteras... Un beso.

historiadea dijo...

Queridos amigos:

Gracias, ante todo, por seguir viniendo a 'Historia de A' a dejar vuestros comentarios. No sé si lo merezco con lo 'faltona' que yo estoy en relación a vuestros blogs, pero de corazón os digo que mi vida me deja tan pocos momentos libres que siempre hay mil cosas que reclaman casi todo mi tiempo y mi atención.

Gracias, de verdad, por todas y cada una de vuestras palabras, por vuestro aliento continuo y por haber sido, en muchos casos y desde lo virtual, mejores compañeros de viaje que algunos de mis supuestos amigos reales.

Es un auténtico placer hacer este camino de palabras con vosotros. Os llevo en mi corazón, a todos, y espero que en esta nueva etapa galaica que comienzo en breve sigamos encontrándonos en este rinconcito de la Red.

Un abrazo enorme, mis mejores deseos de felicidad y prosperidad para vuestra vida y vuestros proyectos y un gran abrazo lleno de indescriptible cariño.

Hasta cuando queráis. Hasta pronto. Besos a discreción ;-)))

pseudosocióloga dijo...

Esta entrada me la había saltado, espero que te vayas a Galicia convencida y no porque las circunstancias te obliguen, aún así, no es mal sitio el de tus ancestros.

historiadea dijo...

Querida Pseudo: marcho, que teño que marchar pero absolutamente convencida de que lo hago a una tierra por la que siento un amor muy difícil de describir. Las circunstancias, a veces, lo único que hacen es poner las cosas 'a huevo', con lo cual allá voy, con los ídem llenos de ilusión ;-)))) Un gran abrazo.

Daniela Vilaboa dijo...

¿Cómo es que no había llegado antes a este blog? Siento una inmensa deuda contigo, Ana. Casi vergüenza. No sabía que tenías este espacio, de lo contrario ya te habría felicitado antes. Un placer leerte.

Este post me ha conmovido en especial.
Galicia es, en mis recuerdos, un lugar casi mítico, una especie de tierra prometida de la que oía hablar a mi bisabuela y veía callar a mi abuelo. Me crié escuchando canciones que destilaban morriña.
Algún día yo también iré en busca de mis orígenes, aunque mi camino es mucho más largo. Por ahora me conformo con recorrerlo a través de la ficción en las páginas de la novela que escribo.

Te mando un abrazo. Y mis deseos de que eches raíces.

historiadea dijo...

Mi querida Daniela:

Nada de deudas. Se llega a los lugares, más a menudo de lo que creemos, con un sentido y siempre en su justo momento. No es gratuito que encuentres nuevas islas de palabras después de haber fotografiado tus bellísimos mapas. La existencia es así de misteriosa y de insondable.

Bienvenida. Un placer verte por 'Historia de A', que ya ves que anda absolutamente desactualizado a resultas de tanta mudanza y tanto cambio.

Prometo reinauguración muy pronto.

Un gran abrazo, Bella, desde la Tierra Prometida ;-))