El llanto de la fantasma

No sé si he contado alguna vez en este foro cuánto me atraen los fenónemos paranormales desde que, a los diez años, leí casi del tirón la sin par novela El exorcista, de William Peter Blatty, en una edición de Círculo de Lectores que mis padres tenían muy a la vista entre las estanterías del mueble de la salita.

No recuerdo, con ninguno de los libros que he leído a lo largo de mi vida, una conmoción similar a la que me produjeron aquellas páginas desnudas de ilustraciones en las que, sin embargo, mi ya por entonces prodigiosa imaginación suplía eficazmente la ausencia de imágenes con una galería de fantasmas, héroes y antihéroes invisibles, puramente abstractos, que hubieran hecho palidecer de envidia a la mismísima Marvel.

Leía yo aquel libro _retapado sibilinamente con una sobrecubierta de Los Cinco para evitar la censura paterna_ con la misma voracidad con la que luego, a raíz de esa incursión impropia de mi edad, me dio por fagocitar la Enciclopedia Salvat de doce tomos a la búsqueda y captura de todas las palabras relacionadas con lo oculto: exorcismo, demonio, xenoglosia, impregnación, psicofonía, medium, cielo, infierno, evangelio, legión... Cuanto más avanzaba en la experiencia de Regan McNeil, la niña protagonista de la novela, más se ampliaba el horizonte de mi conocimiento, más aprehendía y, paradójicamente, menos sabía por cuanto el volumen de preguntas que suscitaba aquel periplo lector era infinitamente mayor que el de las respuestas encontradas en la Salvat.

Tardé muchos años en introducir, en medio de aquel conocimiento puro adquirido tempranamente al respecto de estas cuestiones, la intuición, un don que llevo a gala y que jamás me ha traicionado a la hora de olfatear y presentir cielos e infiernos varios sin necesidad ya de ninguna enciclopedia. Una intuición que, junto a un poderoso onírico _muchas veces preclaro_, conforman la parte más recoleta de mi personalidad, esa por la que se me cuelan constantes alusiones a los arquetipos y a través de la cual, de vez en cuando, se asoma la niña Regan poniéndome los pelos como escarpias.

Estos días, con mis habitaciones y pasillos repletos de cajas y el desorden lógico aparejado a una inminente mudanza, no puedo evitar la sobrecogedora sensación de que, poco a poco, quienes aún merodeamos por estos espacios nos vamos desdibujando _como fantasmas_ de un lienzo domiciliario del que partiremos muy pronto. Me pregunto, como me lo preguntaba a los diez años absolutamente sobrecogida por el relato de Blatty, hasta qué punto las casas son capaces de impregnarse del alma de sus habitantes, cuánto de lo vivido _bueno, malo, vulgar o extraordinario_ en ellas por sus inquilinos es capaz de pervivir en el futuro, cómo el eco de unas vidas que un día hicieron la maleta dejando tras de sí el halo invisible de su risa y su llanto puede resonar en otras vidas que, de repente, se asoman a los escenarios de las existencias que las precedieron.

Trato, en consecuencia, como el Padre Merrin, de bendecir y dar las gracias por todos y cada uno de los rincones de esta casa en la que dejo tres de los años más amargos de mi vida. Quiero, muy pronto, cerrar tras de mí la puerta que tantas veces me ha visto ir y venir. Y quiero hacerlo sabiendo que la furia, la ira, el dolor y los sinsabores que podrían quedarse entre estas paredes por los siglos de los siglos _como un uranio venenoso_ son definitivamente exorcizados.

Quiero, por último, si ha de permanecer, que estos muros devuelvan a sus próximos inquilinos la frecuencia psicofónica de mis mayores alegrías: las risas infantiles de mis hijas, el crepitar de las velas de tantos cumpleaños, el sonido de las teclas con que he escrito algunas de mis mejores páginas, el eco gozoso de mis orgasmos... Los roces de las pieles, el susurro de los besos, el mágico aleteo de la esperanza _siempre_ sobrevolando la abrumadora rutina, el tintineo de la intuición más pura...

Cualquier cosa, cualquier decibelio amable antes que el llanto repetido, lacónico y lastimero de esta fantasma que aquí escribe y que, como la Regan de Blatty, apenas recuerda ya el origen de tanta cicatriz y tanta herida.

Category: 11 comentarios

11 comentarios:

un completo gilipollas dijo...

Que buena entrada. Me ha hecho recordar que una edición destrozada de "El exorcista" de Blatty de circulo de lectores que tenía mi abuela escondida en su casa fue uno de los libros que me enseñó a escribir. Mas bien a usar la imaginación para escribir...

Oiga... que buena entrada la suya.

Siempre suyo
Un completo gilipollas

marieta dijo...

Otra que también, al hilo de tu entrada, estira de la madeja y se encuentra con su libro de cabecera de aquellos años dados al terror: la semilla del diablo, después hecho película por Polansky (seguro que lo habré escrito mal). Aunque el legado que dejas a los que después vendrán es mucho más cálido... espero que en Galicia te encuentres también con un hogar acogedor... Aunque seguro que sabrás de nuevo llenarlo de risas, besos y orgasmos

pseudosocióloga dijo...

Nunca leí el libro, pero tu entrada a lo mejor me convence.
¿Otra mudanza?...tú, aburrirte no te aburres.

historiadea dijo...

Bueno, ya veo que quien más quien menos ha hecho incursiones terroríficas tempranas.

Fernando: es un lástima que, salvo Poe y Lovecraft, la literatura de terror tenga tan poco predicamento a la hora de reconocerle los méritos como una fantástica estimuladora de la imaginación. Me alegra la coincidencia. ¡Cuánto hemos de agradecer a Círculo de Lectores!. Gracias por los parabienes.

Marieta: tú tampoco te quedas atrás en cuanto a precocidad a nivel general ;-))) Gracias por esos buenos deseos relacionados con Galicia y el nuevo hogar. Llenaré, llenaré, no te quepa duda. Un abrazo.

Pseudo: otra mudanza, sí. Ya ves que el año está siendo 'a tope de power'. Como bien dices, yo no me aburro. Vive Dios que no. Besos a discreción.

raindrop dijo...

Este post está lleno de imágenes de lo más sugerente.
Me he quedado pensando mucho en cómo lo inerte se empapa del espíritu de lo vivo. En este caso, una vivienda con las risas, penas, alegrías, ilusiones, proyectos, llantos, deseos... de quienes la han habitado.

Nuestros fantasmas, que somos nosotros mismos si siguiéramos eternamente anclados en el mismo tiempo y lugar...


besos

Jose Luis del Campo Villares dijo...

Buenas amiga. Me ha gustado mucho el post, además de que has dado con una de las pelis que se encuentra entre mis favoritas y que me pierde....

Cierto que las mudanzas son tiempos de cambio y sobre todo de afloracion de recuerdos, pero a mi modo de ver, siempre ahan de ser reecordados los buenos, aunque por inercia humana, siempre salen antes los malos ;-)

Un saludo

historiadea dijo...

Rafa:

Tus reflexiones, como siempre, tan hondas y tan acertadas. Soy yo la que se queda sin palabras con tu frase '...Nuestros fantasmas, que somos nosotros mismos si siguiéramos eternamente anclados en el mismo tiempo y lugar...'. Pelos como escarpias. Un gran abrazo para ti. Otro Platero, que también es de Dios ;-))))

José Luis:

Yo creo que 'El Exorcista', por muchas cosas, es una novela (y luego una película) demoledoramente inquietante. Y pese a que sirve como eje e inspiración a este post, he querido, no obstante, cerrarlo con esa escena en la que Regan, al final de la película, no recuerda absolutamente nada de lo que ha pasado. Está feliz y en paz, y en esas mismas ando yo después de haberle dado esquinazo a 'eidanyoson'. Ya sabes... Lee al revés... ;-))))

Dr.Mikel dijo...

Yo me quedo con tus reflexiones sobre todo lo que se deja tras cerrar una puerta habitada durante años.
Si el cambio es para mejorar todo lo que aconteció se recuerda con ilusión y cariñoso optimismo, pero si esa salida es por peteneras y obligada por las circuntancias el dolor, la frustración y la desolación sin duda es mayusculo.

SOMMER dijo...

A mi, es que me dan yuyu....

jonceltic dijo...

Un poquito de miedo me da, menos mal que leí a primera hora de la mañana.

Cambiaste el seco Toletum por el fresquito gallego?

M. dijo...

Es que el exorcista es muy grande eh? hace poco ví una nueva versión de la peli con escenas nuevas. Si ver a Regan girando la cabeza era impactante, verla bajar las escaleras a cuatro patas con el cuerpo al revés...ufff